La Globalización ha traído cambios en los procesos de cada una de las actividades económicas de las empresas, generando un impacto entre la relación del trabajador y su tarea. Esto genera más exigencia y mayor exposición a riesgos laborales a los trabajadores, provocando consecuencias negativas para su salud física y mental, y estos a su vez, afectando la productividad de las empresas. Dentro de las consecuencias físicas se encuentran los Desórdenes Músculoesquelético (DME), entendiéndose como lesiones que afectan los músculos, huesos, tendones, ligamentos, articulaciones y demás estructuras que permiten o favorecen el movimiento de una articulación (Deng et al., 2021). Los DME se manifiesta con dolor o molestia, y son considerados el problema de salud ocupacional más común dentro de las diferentes actividades económicas (Deng et al., 2021). Asimismo, los DME son considerados la causa más común de discapacidad, enfermedad laboral y jubilación temprana (Rivera & Cristancho, s. f.). Según la National Research Council y el Institute of Medicine (2001), los DME que se presentan con mayor frecuencia y que tienen mayor impacto económico dentro de los sistemas de salud, son aquellos que afectan la espalda baja y los miembros superiores (NRC (US) & IOM (US), 2001).